27 enero 2009

Olvidar


Como todas las tardes Gabriel veía caer las luces del atardecer entre las hojas de los árboles; siempre habían estado allí, pero desde que su terapeuta le recomendó disfrutar de los detalles para soportar el tráfico, se había dedicado a encontrar formas interesantes entre las sombras mientras la monótona voz del locutor se escapaba de la radio hablando del tiempo, del medio oriente o de la más reciente protesta, que en su convulsionado país caribeño, eran ya tan monótonas como el lento andar del tráfico en las horas pico.

Sin embargo, esa tarde, a las 5:15 la transmisión se interrumpió por una cadena oficial, tan típica en los días previos a los eventos electorales, así que ya sin molestarse conectó su Ipod a su reciente adquisición tecnológica, un diminuto sistema de sonido ultrapoderoso y sin simplemente dejó le dejó sonar, había descargado de todo de la red la noche anterior que, francamente ya ni sabía que tenía allí guardado.

De pronto, escuchó una voz potente que gritaba "Desesperadooo decidido a aceptar lo que sea, tu has ganadoooo ya lo vez que sin ti soy un hombre acabadoooo sin ganas de vivir" y solo le dieron ganas de reir, como un hombre puede estar así y justo en el segundo en que se le gastó la risa recordó, que aún sin desgranarse en un grito vivió exactamente así y fue como si de pronto lo golpearan todos los recuerdos.

Los vestidos amarillos que Isabel solía vestir, su sonrisa esquiva, sus carreras por las escaleras de la facultad, sus ires y venires, su mano calma y el olor a flores que la acompañaba siempre, aunque ella jurara no haber usado perfume. Aún con más fuerza le golpeó ese primer beso, con la fuerza de aquella voz que él nunca olvida; la ternura de aquella noche bajo sábanas azules en el lugar más peligroso del mundo, el ver sus ojos reflejados en los de ella.

Para Gabriel, lo peor es la ausencia y aunque deseara convertir su Megane en un vehículo interestelar que cruzara todos los oceanos que los separan, sabía que nada cambiaría... ella continuaría allí, en ese país extraño y para Gabriel daba lo mismo si era Colombia o Groenlandia, no era aquí... y seguiría con sus responsabilidades, con su casa, sus chicos... lo que siempre le enumeró, desde el principio, desde que la vió una noche y compartieron en el salon de computación, desde aquel primer beso y desde todos los demás. Ya escuchaba a Serrat y Sabina, pero era incapaz de gritarle "ahora es demasiado tarde, princesa" a una Isabel que a trillones de kilómetros de distancia no sabía que a las 5:20 de la tarde él continuaba allí atascado en una interminable fila de autos.

Y quizá porque el tráfico no le dejaba hacer nada más, o porque su corazón partío pedía más tiritas que las de Sanz, se permitió cerrar los ojos, total no iba a ninguna parte, e imaginarse que pasaría si; o que hubiera pasado si ella no se hubiera marchado esa lluviosa mañana de Abril, si él no hubiese cometido este error o aquel otro, si hubiera esperado por ella o si hubiera dejado eso así, sin anhelos... si no hubiese cruzado esas puertas, si no hubiera cedido a la tentación de besarla todas las veces que pudo, si hubiese ido a verla cuando ella le pidió que no lo hiciera y lo único que logró fue perderse en esa maraña de recuerdos, sazonada con risas y llantos, con millones de cartas y montones de sueños rotos.
Probablemente habría seguido por esa ruta de recordar lo inolvidable, si a las 5.30 no lo hubieran alertado el corneteo de los autos y al mismo tiempo escuchaba "todo me parece bonito" y así Jarabe de Palo fue el mejor remedio contra su repentino mal de amores, bonito todo lo que había vivido con Isabel pero también había sido bonito todo lo demás, sus amigos y los viajes al mar, el nadar y vivir libre bajo el sol, las aventuras, el baseball, la política, el trabajo y después de todo eso, a pesar de extrañarla un montón, prepararse para avanzar, estar con alguien más.
A las 5.45 había vuelto a la monotonía del radio, avanzaba un poco más rápido y de pronto Gabriel se daba cuenta que había avanzado más que en todo este tiempo de terapia, pensó llamar a alguien para contar sus avances... pero en vez de eso llamó a Laura y la invitó al cine.

19 enero 2009

La Casa de Los Vientos


Usualmente en nuestros viajes a mi me toca la logistica de conseguir el hospedaje, y nuestro viaje a Paraguaná no seria la excepcion, le pregunte a conocidos, amigos y a mi hermanastro y todos me daban la misma recomendacion, debes quedarte en "La Casa de los Vientos". Yo preguntaba si tenia piscina o television por cable, a ambas me contestaban "No, no tiene y tampoco te hara falta". Quien termino de convencerme fue mi hermastro Miguel, quien me aseguro que ese sitio me iba a encantar.

Y confiando en Miguel (para que vean que algunos tenemos hermanastro buenos) busque el telefono en la Guia de Valentina Quintero -en la que cada vez confio menos, pero eso es harina de otro costal- y llame al Sr. Jean Louis Pages, quien me atendio muy amablemente, me dio todos los datos y sencillamente anoto nuestros nombres y listo, hicimos un deposito para reservar y voila... ya estabamos anotados. Lo primero que me gusto fue la amable atencion telefonica del Sr. Jean Louis, y eso para mi ha sido, usualmente, excelente signo de lo que seguiria seria espectacular.

Como nos fuimos en temporada alta, a principios de Enero, conseguimos mucho trafico y eso retrasó nuestra llegada a la posada. En el trayecto recibimos llamadas del Sr. Jean para saber si estabamos bien y ver por donde andabamos para tenernos todo listo. Primera vez en mi vida que un posadero tiene el detalle de llamarme a ver si ando bien en la carretera, le dije a mi amigo "este Sr. es una maravilla". Llegamos al atardecer a Paraguana y se nos hizo de noche para llegar a Casa de los Vientos, despues de una pequena perdida y varias llamadas al Sr. Jean llegamos a nuestro refugio, a esa hora disfrutamos de la vista desde lo alto de las luces de los pueblos de la costa y las islas vecinas y luego de una necesaria ducha cenamos como reyes los exquisitos platillos preparados por Jean Louis hijo, mientras degustabamos de una copa de vino tinto y yo me deleitaba en mis flamenquerias escuchando a los Gipsy Kings y Serrat.

Cuando me desperte, muy temprano me encontre en una casa hermosa, llena de arte y detalles por todos lados... inspiradora para los que quieren fotografiar, escribir o simplemente respirar aire puro y disfrutar de una buena taza de cafe que muy amablemente te servira Jean (cualquiera de los dos), y esa fue mi rutina mananera todos los dias que estaba alli, despertarme temprano, disfrutar del paisaje, de los pajaritos y de mi cafe en un necesario ejercicio de silencio que agradezco infinitamente. Estar alli fue verdaderamente reparador para mi cuerpo, mi alma y mi espiritu.

Mi compañero de viaje seguramente les hablaria de los desayunos y las cenas fabulosas que disfrutamos alli (vienen incluidos en el paquete), de un quesillo de chocolate del que se comio 3 pedazos, de un steak a la mostaza que no probe porque me sentia mal de la pancita (y me dieron cremita de apio para que me mejorara) y del camino de tierra que hay que pasar para llegar hasta alli, un camino por el que pasan carros sedan como el de nosotros y que si se recorre lentamente no representa gran dificultad.

Al irme, con ganas de regresar, recorde a todos los que me recomendaron el sitio... tenian razon me iba a encantar. En esos dias no senti necesidad de wifi, de telefono, de piscina ni de television por cable (tvadictos, no hay problema, el Sr. Jean tiene una videoteca con cualquier cantidad de DVD para que vean en las noches)... y la verdad no solo quede con ganas de regresar, sino de volver con mas amigos... con los que conocen la casa y los que no a disfrutar de la magia de Paraguana desde lo alto de Pueblo Nuevo en La Casa de Los Vientos que muy amablemente Jean Louis abre para nosotros.

Si deseas contactar a Jean Louis, puedes llamarlo a (+58) 269-5119694 / 416-564.40.27 y espero que tengas una experiencia tan magnifica como la de nosotros...


Las escaleras que conducian a mi habitacion.
Photo: Carla Mariela

Atardecer en Pueblo Nuevo, visto desde el mirador de Casa de Los Vientos
Photo: Carla Mariela

Detalle exterior de la ventana de mi habitacion
Foto: Carla Mariela

10 enero 2009

Proyecto 52 y 1/2

Despues de un largo receso por vacaciones volvemos a ICAROS a compartir nuevos lugares y experiencias en este 2009. Estuvimos paseando por la Peninsula de Paraguana, en el Estado Falcón y regresamos encantados... ya haremos varios post que cubran la delicia de ese viaje. Mas como dicen que año nuevo, vida nueva, queremos compartir aqui el nuevo proyecto fotografico de Carla Mariela; se trata de una iniciativa nacida en facebook donde un grupo de amantes de la fotografia (profesionales y amateurs) se reunen para colocar una fotografía semanal durante las 52 semanas y media que durará 2009, la cual será acorde con el tema sugerido por el grupo. Es un ejercicio super interesante, donde se aprende muchisimo y que ademas demanda de tremendo compromiso, por lo que, tambien estare colocando aqui esas fotografias... a ver que dicen los amig@s que leen este blog.

Hoy les dejamos con las fotografías 1/2 y 1


Semana 1/2 Mi primera fotografia de 2009...
el desayuno del 1ero de Enero, totalmente venezolano

Semana 1 En el 2009 voy a...
caminar la ruta en rosa