
Como todas las tardes Gabriel veía caer las luces del atardecer entre las hojas de los árboles; siempre habían estado allí, pero desde que su terapeuta le recomendó disfrutar de los detalles para soportar el tráfico, se había dedicado a encontrar formas interesantes entre las sombras mientras la monótona voz del locutor se escapaba de la radio hablando del tiempo, del medio oriente o de la más reciente protesta, que en su convulsionado país caribeño, eran ya tan monótonas como el lento andar del tráfico en las horas pico.
Sin embargo, esa tarde, a las 5:15 la transmisión se interrumpió por una cadena oficial, tan típica en los días previos a los eventos electorales, así que ya sin molestarse conectó su Ipod a su reciente adquisición tecnológica, un diminuto sistema de sonido ultrapoderoso y sin simplemente dejó le dejó sonar, había descargado de todo de la red la noche anterior que, francamente ya ni sabía que tenía allí guardado.
De pronto, escuchó una voz potente que gritaba "Desesperadooo decidido a aceptar lo que sea, tu has ganadoooo ya lo vez que sin ti soy un hombre acabadoooo sin ganas de vivir" y solo le dieron ganas de reir, como un hombre puede estar así y justo en el segundo en que se le gastó la risa recordó, que aún sin desgranarse en un grito vivió exactamente así y fue como si de pronto lo golpearan todos los recuerdos.
Los vestidos amarillos que Isabel solía vestir, su sonrisa esquiva, sus carreras por las escaleras de la facultad, sus ires y venires, su mano calma y el olor a flores que la acompañaba siempre, aunque ella jurara no haber usado perfume. Aún con más fuerza le golpeó ese primer beso, con la fuerza de aquella voz que él nunca olvida; la ternura de aquella noche bajo sábanas azules en el lugar más peligroso del mundo, el ver sus ojos reflejados en los de ella.
Para Gabriel, lo peor es la ausencia y aunque deseara convertir su Megane en un vehículo interestelar que cruzara todos los oceanos que los separan, sabía que nada cambiaría... ella continuaría allí, en ese país extraño y para Gabriel daba lo mismo si era Colombia o Groenlandia, no era aquí... y seguiría con sus responsabilidades, con su casa, sus chicos... lo que siempre le enumeró, desde el principio, desde que la vió una noche y compartieron en el salon de computación, desde aquel primer beso y desde todos los demás. Ya escuchaba a Serrat y Sabina, pero era incapaz de gritarle "ahora es demasiado tarde, princesa" a una Isabel que a trillones de kilómetros de distancia no sabía que a las 5:20 de la tarde él continuaba allí atascado en una interminable fila de autos.
Y quizá porque el tráfico no le dejaba hacer nada más, o porque su corazón partío pedía más tiritas que las de Sanz, se permitió cerrar los ojos, total no iba a ninguna parte, e imaginarse que pasaría si; o que hubiera pasado si ella no se hubiera marchado esa lluviosa mañana de Abril, si él no hubiese cometido este error o aquel otro, si hubiera esperado por ella o si hubiera dejado eso así, sin anhelos... si no hubiese cruzado esas puertas, si no hubiera cedido a la tentación de besarla todas las veces que pudo, si hubiese ido a verla cuando ella le pidió que no lo hiciera y lo único que logró fue perderse en esa maraña de recuerdos, sazonada con risas y llantos, con millones de cartas y montones de sueños rotos.
Probablemente habría seguido por esa ruta de recordar lo inolvidable, si a las 5.30 no lo hubieran alertado el corneteo de los autos y al mismo tiempo escuchaba "todo me parece bonito" y así Jarabe de Palo fue el mejor remedio contra su repentino mal de amores, bonito todo lo que había vivido con Isabel pero también había sido bonito todo lo demás, sus amigos y los viajes al mar, el nadar y vivir libre bajo el sol, las aventuras, el baseball, la política, el trabajo y después de todo eso, a pesar de extrañarla un montón, prepararse para avanzar, estar con alguien más.
A las 5.45 había vuelto a la monotonía del radio, avanzaba un poco más rápido y de pronto Gabriel se daba cuenta que había avanzado más que en todo este tiempo de terapia, pensó llamar a alguien para contar sus avances... pero en vez de eso llamó a Laura y la invitó al cine.





